lunes, 20 de marzo de 2017

Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio…


[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb el 19.03.2017]

Resuenan en mí los versos de una canción de El último de la fila… “Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo vayas a decir”. Llevo mucho tiempo reflexionando sobre la importancia de las palabras. En un post antiguo escribí: “Las palabras son armas de doble filo; a veces, incluso, armas arrojadizas…".
Los estudios del Centro para la Investigación Psicológica de Shenyang (China) con jóvenes que habían cometido crímenes mostraron que dichos crímenes  tenían relación con el abuso emocional infantil que habían sufrido. Las palabras violentas pronunciadas por padres y maestros pueden tener consecuencias muy graves. En este vídeo  se muestra, a través de las historias de 6 jóvenes, cómo las palabras pueden ser armas.
Como firme convencida que soy del Efecto Pigmalión creo en el poder de las expectativas que vertemos sobre otras personas. Éstas funcionan tanto en positivo como en negativo. Por eso es muy importante que cuidemos los mensajes que transmitimos, y más a aquellas personas que nos reconocen autoridad, que nos valoran y sobre las que más influencia tenemos. Los niños son especialmente sensibles, y por tanto vulnerables,  a las palabras de sus padres y educadores.
Álvaro Pascual-Leone, investigador y profesor de Harvard señala: “Tu cerebro cambia con cada cosa que piensas, incluso aunque no la digas. (…) Estar vivo es una condena a que tu cerebro vaya cambiando hasta que te mueres. El reto es darse cuenta de que ese cambio del cerebro no necesariamente es bueno o malo para ti, simplemente forma parte de cómo funciona nuestro sistema. Todo es cuestión de saber cómo guiar esos cambios, cómo esculpir el propio cerebro, de rodearse de influencias que lleven a lo mejor para el individuo”. Si nuestro cerebro cambia con cada cosa que pensamos, qué importantes son los pensamientos  y las palabras con las que lo alimentamos. Igual que cuidamos la comida que ingerimos debemos cuidar las ideas y pensamientos que elaboramos, así como las palabras que salen de nuestra boca.  Para esto nos viene muy bien conocer y gestionar nuestras emociones, en especial la ira. La ira es una emoción muy intensa, que aumenta muy rápidamente y que nos puede hacer y decir cosas de las que luego nos podemos arrepentir. Como dice mi amigo Rogelio Fernández cuando subimos la espiral de la ira vamos dejando ‘muertos’ por el camino… y luego en el camino de bajada nos vamos encontrando ‘cadáveres’…
Y no sólo dañan las palabras que son ciertas, o tienen algo de verdad, también son muy dañinos y destructivos los chismes y rumores. Un artículo que he leído recientemente señalaba: “La lengua no tiene huesos y, sin embargo, es lo bastante fuerte para hacer daño y envenenar a través de chismes y rumores. Un virus letal que solo se aplaca cuando llega a oídos de la persona inteligente”. La próxima vez que te llegue un chisme, un rumor, una información no contrastada o que no sea oportuna… piénsalo dos veces antes de difundirla… Pasa el triple filtro de Sócrates… ¿Es verdad? ¿Es algo bueno? ¿Es útil? Si no pasa el triple filtro… ¿para qué contarlo?

Y no sólo dañamos a otros, también podemos dañarnos a nosotros mismos con palabras e ideas. A veces nos decimos cosas a nosotros mismos que no permitiríamos que otros dijeran.  Como reflexión final dejo esta magnífica escena…

miércoles, 8 de marzo de 2017

La igualdad también empieza en mí


En el Día Internacional de las Mujeres he elegido como título de esta entrada el lema de este año de la campaña de Emakunde del 8 de marzo de 2017 y como imagen uno de los carteles de la misma. Todos los años por estas fechas suelo trabajar en mi clase de Ética cívica y profesional el tema de los Derechos Humanos. Dentro de este tema dedico una atención especial a la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres ya que creo que es clave para el avance en el desarrollo de los derechos humanos. Y un tema que es especialmente sensible es el de la violencia contra las mujeres. Los datos hablan por sí solos:

Fuente: ONU Mujeres

Como señala Johan Galtung, uno de los sociólogos más reconocidos en temas de paz, en su artículo “Violencia,guerra y su impacto Sobre los efectos visibles e invisibles de la violencia”: “Es posible que la violencia sexual no deje heridas en el cuerpo, pero produce un trauma irreversible en el espíritu. Lo mismo ocurre con todas las formas de violencia corporal, ya que toda violencia es una violación, la invasión del santuario que es la privacidad del cuerpo; y la violencia sexual lo es doblemente”.

El 3 de febrero tuvo en la Universidad de Deusto, organizado por el Proyecto Inspira y la Plataforma Interdisciplinar de Género, el cine fórum sobre The Hunting Ground (El coto de caza), un documental que trata sobre el abuso sexual en las universidades de Estados Unidos y que fue premiado en el Festival de Sundance en 2015. Se contó con la participación en el debate de Esther Oliver, de la Universidad de Barcelona. Previamente a este documental, Kirby Dick (Director) y Amy Ziering (Productora) habían realizado otro aclamado documental, The Invisible War, que trataba el tema de los abusos sexuales dentro del ejército norteamericano (para ver el documental pinchar aquí). The Hunting Ground es un documental duro, pero que sitúa muy bien en una realidad común, aunque con distintos matices, en la mayoría de lugares del mundo. Voy a compartir aquí algunas de las ideas y datos que aparecieron tanto en el documental como en el posterior debate.

El comienzo es impactante… En las secuencias previas a los créditos iniciales se ve la reacción de distintas jóvenes al recibir la notificación de su admisión en la universidad elegida y el momento de su llegada a la misma… El mensaje es casi siempre el mismo, “este es vuestro momento”. Esas mismas jóvenes relatarán después que su experiencia en la universidad no fue exactamente lo que esperaban….

Algunos datos que tomé sobre la marcha… (se refieren a las agresiones en los campus universitarios norteamericanos exclusivamente)
  •     El 88% de las agresiones no se denuncian 
  •     En 2012 el 48% de las universidades reportaron cero agresiones sexuales 
  •     Un 8% de la población universitaria comete el 90% de las agresiones 
  •     Normalmente los agresores son reincidentes y cometen 6 agresiones de media

Uno puede preguntarse por qué se denuncian tan pocos casos… La explicación es sencilla… El proceso es muy largo… y muy doloroso.  Muchas de las protagonistas relataban que el proceso fue más agobiante que la propia agresión ya que fueron calumniadas y cuestionadas e incluso acosadas. Algunas comentaban que les hacían preguntas del tipo: “¿Por qué no gritaste? ¿Habías bebido?”… Y como alguna comentaba… “En ese momento te quedas quieta y te quieres morir…”. Las denuncias que acaban en una expulsión o que tienen consecuencias legales son un número insignificante. En algún caso el agresor fue expulsado después de haberse graduado (¿¿¿????)… Sin embargo, algunas de las mujeres agredidas dejan la universidad y sus sueños de hacer una carrera universitaria. Es muy impactante el testimonio de un padre cuya hija se quitó la vida después de haber sido agredida y no haber recibido apoyo, sino todo lo contrario. En el documental también se ve la imagen pública que transmiten los responsables de las instituciones, que choca con los hechos. También es muy interesante el testimonio de quien fuera guarda de seguridad en una universidad y dejara su puesto a la vista de la falta de apoyo y el trato que recibían algunas mujeres que habían sido agredidas. Él relata que tenían instrucciones de la dirección de que no se podía buscar e interrogar a jugadores de fútbol y atletas. Además, en este largo proceso puede haber víctimas de segundo orden, personas que apoyan a quienes han sufrido las agresiones y son despedidas. Es llamativo el caso de una profesora a la que despiden el mismo día que recibe un premio a la excelencia como profesora.

Una mención especial merecen las fraternidades. Son lugares en los que suceden muchas de las agresiones con la connivencia de sus miembros. En ellas el alcohol se utiliza como arma para hacer más vulnerables a las mujeres. En algunas de las fraternidades las pruebas de iniciación tienen que ver con dominar, e incluso violentar, a mujeres. Algunas de las protagonistas del documental comentan que hay una fraternidad cuyas siglas son Sigma Alpha Epsilon y que es conocida como Sexual Assault Expected (Agresión Sexual Esperada). La pregunta sería y por qué no se hace nada al respecto. Las fraternidades son unos grupos de poder muy importantes. Las mayores donaciones que reciben las universidades provienen de antiguos miembros de estas fraternidades. Hay una escena que me resultó especialmente dura en la que se ve a los miembros de una fraternidad que van a la puerta de una fraternidad en la que están mujeres recién incorporadas a la universidad aclamando…

“No es sí
Sí es anal”

Si algo quiero destacar como positivo del documental es que las protagonistas se presentan como supervivientes no víctimas. Dos de las protagonistas explican su proceso personal: de víctimas a supervivientes, y de ahí a activistas. En un artículo en el que se presentaba Bizirik (se definen en su web así: “Somos una Asociación de mujeres sobrevivientes a la violencia de género que hemos aprendido a usar nuestras alas para volar con (y desde) la libertad y la igualdad”) hablaban en un sentido parecido: “Prefieren que se resalte su capacidad de superación, de resiliencia, que son mujeres valientes, fuertes y con coraje. El hecho de poner el foco en estas fortalezas y no en la violencia a la que fueron sometidas es, a su juicio, una de las mejores estrategias para debilitar y deslegitimar al maltratador. Al mismo tiempo les convierte en un referente para las mujeres maltratadas”.

Algo que se señalaba en el documental y en lo que se insistió en el debate es en la importancia de las redes de apoyo y solidaridad. En nuestro contexto existe RAMMAS (Red de Apoyo a Mujeres Maltratadas por Asociaciones de Mujeres Supervivientes de Violencia). La comunidad es fundamental para prevenir y también para romper la ley del silencio.

La violencia de género es un problema de igualdad y la igualdad también empieza en mí…




miércoles, 15 de febrero de 2017

¿Estaré educando bien a mis hijos?


[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb el 15.02.2017]

A raíz de varios artículos que he leído últimamente, como madre, que además lleva muchos años en el ámbito de la educación formal, me asalta una duda que es de lo más inquietante… ¿Estaré educando bien a mis hijos? Y por extensión, ¿estaré contribuyendo de una forma adecuada a la formación de mis alumnos y alumnas?
Simon Sinek, hablando de los milenials (también llamada generación Y), aquellas personas que nacieron entre principios de los 80 y el año 2000 aproximadamente, quieren un trabajo con sentido, quieren ‘aportar’ algo. Pero aunque lo consigan  no son felices, y no lo tienen fácil en palabras de Sinek por cuatro razones, que se retroalimentan:
  1. Crianza. Tuvieron unas ‘estrategias fallidas de crianza”: se les dijo todo el tiempo que eran especiales; que podrían conseguir cualquier cosa sólo con que se lo propusieran; tuvieron premios no siempre porque los merecieran (y está demostrado que un premio pierde valor si no se merece); etc. Esto es fruto de lo que Marta Michel, Directora de Yo Dona, hablando de los niños del ‘porque yo lo valgo’  llama “padres helicóptero (sobrevuelan la vida de sus hijos para atender cualquier eventualidad) o madres apisonadoras (les allanan el terreno para que nunca tropiecen); dos versiones de lo mismo: protección máxima hasta límites ridículos”. En cuanto estos jóvenes llegan al mundo real todo esto se desmorona y afecta a su autoimagen. Aparentan fortaleza pero no la tienen. Actúan como si lo supieran todo pero no es así. Tienen una autoestima baja y no saben gestionar el estrés y la ansiedad.
  2. Tecnología. Esta generación creció con las redes sociales y los móviles. Son muy buenos poniendo filtros a las cosas, mostrando lo buena que es la vida aunque no lo crean. Son adictos a los ‘likes’, ya que generan dopamina y les hacen sentir bien. Sin embargo, a través de los móviles y las redes sociales no se crean relaciones profundas y significativas.
  3. Impaciencia. Crecieron en un mundo de recompensa instantánea. No han aprendido los mecanismos sociales de supervivencia. Para ellos prácticamente todo se puede obtener de forma instantánea. Pero las cosas importantes en la vida: amor, satisfacción laboral, fortaleza en las relaciones, alegría… exigen tiempo y no son predecibles.
  4. Ambiente. Estos jóvenes están entrando en ambientes corporativos en los que priman el corto plazo y las ganancias frente a las personas y eso no les ayuda a construir confianza ni a desarrollar habilidades sociales y de cooperación.
En un reciente artículo de El País, que llevaba por título Sin educación emocional, no sirve saber resolver ecuaciones”, se reivindicaba la formación del profesorado en este ámbito ya que muchos problemas de las personas adultas derivan de una mala gestión de las emociones y acabamos de ver que los milenials tienen importantes carencias en este campo. Como se señala en el artículo, “los jóvenes con un mayor dominio de sus emociones presentan un mejor rendimiento académico, mayor capacidad para cuidar de sí mismos y de los demás, predisposición para superar adversidades y menor probabilidad de implicarse en comportamientos de riesgo -como el consumo de drogas-, según los resultados de varios estudios publicados por el GROP [Grupo de Investigación en Orientación Psicopedagógica]”.
Además podemos sumar a lo anterior el hecho de que por la búsqueda de lo políticamente correcto parece que estamos incluso dispuestos a olvidar la historia, lo que supone no saber de dónde venimos y hace cuestionarnos el a dónde vamos. En palabras de Javier Marías en un estupendo artículo titulado “Cuando los tontos mandan”, “el problema no es que haya idiotas gritones y desaforados en todas partes, exigiendo censuras y vetos, sino que se les haga caso y se estudien sus reclamaciones imbéciles. (…) Hoy no es nadie quien no protesta, quien no es víctima, quien no se considera injuriado por cualquier cosa, quien no pertenece a una minoría o colectivo oprimidos. Los tontos de nuestra época se caracterizan por su susceptibilidad extrema, por su pusilanimidad, por su piel tan fina que todo los hiere”.
Y lo peor de todo es que muchas luchas no sabemos hasta qué punto están orquestadas, no sabemos hasta qué punto estamos siendo si no manipulados sí dirigidos intencionadamente en una dirección. Martin Hilbert, experto en redes digitales, a raíz del uso del Big Data en la últimas elecciones presidenciales da una información que asusta: “Teniendo entre 100 y 250 likes tuyos en Facebook, se puede predecir tu orientación sexual, tu origen étnico, tus opiniones religiosas y políticas, tu nivel de inteligencia y de felicidad, si usas drogas, si tus papás son separados o no. Con 150 likes, los algoritmos pueden predecir el resultado de tu test de personalidad mejor que tu pareja. Y con 250 likes, mejor que tú mismo”.
Volviendo a mi pregunta inicial, creo que la mejor vía para educar a mis hijos y contribuir a la formación de mis alumnos y alumnas es recuperar dos principios claros de la educación: Amor y límites. Es importante dirigir una mirada amorosa, con un profundo respeto y un interés genuino que ayude a construir confianza y relaciones. Y todo ello en un marco de responsabilidad. No todo vale. Hay principios que nunca podemos olvidar, hay fronteras que no se pueden traspasar y para ello es fundamental desarrollar una mirada crítica que vaya más allá de lo evidente y que se haga cargo de las decisiones tomadas.  Una mirada que vaya más allá del yo y se preocupe por el nosotros, por el todos (por el bien común).
Invito y me invito a aprender la siguiente lección para ser más humanos.

martes, 24 de enero de 2017

Sobre los diamantes en bruto: el Efecto Pigmalión


[He publicado esta entrada en el Blog Aprender a Enseñar de la UD el 24.01.2017]

Soy una firme convencida del Efecto Pigmalión, que habla sobre el poder que tienen las expectativas que otros tienen sobre nosotros, las profecías que se autocumplen (tanto positivas como negativas). De hecho, elegí como nombre de mi blog personal… “Querer es poder… Creer es crear” porque ese es mi lema. “Possunt quia posse videntur” [Pueden los que creen que pueden], que dicen los versos de Virgilio en la Eneida.
No hace mucho leía un artículo en el que se hablaba sobre uno de los proyectos galardonados en la XXXI edición de los Premios Francisco Giner de los Ríos a la Mejora de la Calidad Educativa (convocados por el Ministerio de Educación y la Fundación BBVA), el Proyecto Guillén.  Este proyecto es un gran ejemplo de cómo funciona el Efecto Pigmalión.
El proyecto se desarrolló en el Colegio Minte de Monzón (Huesca) a lo largo del curso 2014/2015. Guillén, un alumno de cuarto de Primaria, no pudo iniciar el curso debido a un tratamiento prolongado en el hospital que le iba a mantener fuera del aula durante siete meses. El proyecto fue impulsado por el tutor, Javier Enrique Mur Isaiz, y consiguió involucrar a los compañeros y compañeras de Guillén para que recibiese apoyo emocional y todo lo necesario para no perder el curso (17 vídeos y más de 50 documentos). El proyecto tuvo resultados en diversos ámbitos: emocional, cognitivo, informativo, creativo, de motivación al aprendizaje, cooperativo, responsabilidad, social/interacción.
En mi opinión este profesor creyó en Guillén y en todos sus compañeros y compañeras; y supo transmitirles que era posible, que todos tenían capacidad para ayudar a su compañero y ejercer de profesores y así conseguir que Guillén no perdiera el curso y se sintiera arropado. Estoy segura de que también supuso un apoyo importante para la familia de Guillén que estaba viviendo una situación difícil. El tutor no optó por la vía más sencilla, que hubiera sido mandarles los materiales y temas a la familia, sino por el compromiso con su alumnado y la apuesta por el desarrollo. Además, este proyecto no fue bueno sólo para Guillén sino que supuso muchos aprendizajes para todos (alumnado, profesorado, familias, etc.). Este tutor supo ver más allá de lo que su alumnado era, vio los diamantes en la roca… Sólo tuvo que ayudar a pulirlos.
Todas las personas nos merecemos que nos traten no como lo que somos sino como lo que podemos llegar a ser. Es la única vía para crecer. Todos recordamos con cariño y admiración a esa persona (o si se tiene mucha suerte, personas) que nos ayudó a ser lo que somos, que nos hizo dar más de nosotros mismos, que supuso el ‘empujón’ que necesitábamos… Y esto no ocurre sólo en la infancia. El efecto Pigmalión se puede dar a cualquier edad. En la universidad el profesorado también podemos suponer un cambio en la vida de las personas, también podemos descubrir diamantes en bruto. Pero atentos… He comentado que también funciona en negativo. Hay una práctica que los educadores debemos desterrar y es el hacer comentarios del tipo: “ya verás, el curso X es el peor que hemos tenido en años”, “en esa clase no se salva nadie”, “fulanito/a es un estudiante horrible, no sé cómo ha llegado hasta aquí”… Suelo dar cursos de formación continua y una de las personas que los organiza me suele preguntar qué tal con el grupo y después de contestarle me responde: “tú siempre dices que es un grupo muy bueno”. Y así es, siempre tomo la opción de ver el potencial que tiene el grupo, más allá de las situaciones y de las personas… Y siempre acierto…
Me gustaría acabar, a modo de invitación, con un extracto de una entrevista a César Bona, uno de los 50 finalistas para el Global Teacher Prize de 2015: “El maestro tiene que ser cada día un ejemplo para sus alumnosdebe ofrecer su mejor versión para así obtener lo mejor de los niños [o de los adultos, añadiría yo]. El profesorado tiene que ser el primero en dar el máximo y no poner como excusa de sus posibles limitaciones al sistema. Los docentes somos los primeros en ponernos límites”.

jueves, 19 de enero de 2017

A un hijo que empieza la universidad


Mi hijo mayor hace ahora un año estaba decidiendo qué estudiar. Como madre, lo más importante para mí era que eligiera algo que le atrajera y le motivara lo suficiente para no desistir y completar su formación universitaria, con la visión clara de que una vez terminado el grado tendrá que seguir especializándose. Además, se da la circunstancia de que soy profesora universitaria y tengo ya bastante experiencia en este mundo. Voy a recoger aquí lo que me hubiera encantado poder comentar con él, pero soy su madre y una pesada por definición (va en el rol)… Siempre me queda la esperanza de que el pequeño, que el próximo año por estas fechas estará eligiendo, me haga algo de caso…
  • Lo primero de todo es que soy consciente de que ha llegado tu momento. Ansiabas cumplir 18 (no sé muy bien qué esperabas que pasara) y si hay algo claro es que si eres libre eres responsable. Tú decides y tú asumes lo que decides… Parafraseando el poema del inicio… eres el amo de tu destino, el capitán de tu alma. Estoy aquí para apoyarte y acompañarte pero el vuelo tienes que emprenderlo solo. Te ayudaré a levantarte si te caes pero no voy a evitarte la caída… forma parte del aprendizaje (por más que a mí también me duela). 
  • Cuando elijas estudios no te centres en los que te han dicho otras personas: profesorado, orientadores, familiares, amigos… ni siquiera en lo que yo te he dicho (con todo el amor que te tengo y lo que te conozco). Escucha a otras personas pero sobre todo, escúchate tú. Mira hacia dentro y hacia lo lejos. Qué es lo que te gusta, lo que te motiva, lo que haces bien, qué te ves haciendo en un medio plazo, qué tipo de actividades quieres desarrollar, cuáles son tus fortalezas… qué te hace vibrar. Aunque desde pequeño hayas tenido claro qué estudiar haz este ejercicio… Estoy convencida de que no hay carreras con salidas o sin salidas… La empleabilidad es más una cuestión de actitud.
  • Ten claro que en cualquier carrera que estudies tendrás materias que te gustarán más y que te gustarán menos. Lo mismo ocurrirá con el profesorado. Para obtener el grado tendrás que completar el plan de estudios fijado, igual que tuviste que aprobar Bachiller para llegar hasta aquí. 
  • Estás en un momento de muchas novedades y oportunidades. En la universidad vas a encontrar nuevas personas, temas, realidades, ambientes… Eso ayudará a abrir tu mente y tu visión del mundo. Aprovecha esa gran diversidad. No te juntes sólo a lo cercano y conocido… Por supuesto, desde la prudencia y el respeto…
  • Algo que te va a venir bien es conocer el entorno y los servicios. Hasta ahora dominabas el colegio. Conocías los rincones y las personas. Ahora te vas a enfrentar a algo más grande, con sus formas de hacer, sus horarios, sus normas…  La universidad es mucho más que las aulas… ¡Infórmate y participa! Ahhhh… y entérate bien dónde tienes clase. Puede ocurrir que de una hora a otra tengas que cambiar. Incluso puede que tengas compañeros y compañeras diferentes en cada asignatura porque se suman personas de otros grados.
  • Tienes que hacer un cambio de chip importante: Autonomía. Hasta este momento todo estaba muy pautado y controlado. Te hacían seguimiento. Si faltabas a clase nos informaban. Ahora eres tú el que decide. Aunque nosotros te paguemos los estudios no nos van a informar de cómo vas. Si no entregas un trabajo o una práctica no te la van a reclamar… lo notarás en la calificación final… Y no te preocupes, aunque tenga amistades entre el profesorado que te da clase no me pueden dar información… Este es el momento de aprender en la práctica eso que siempre te he repetido, como la canción: “Nunca una ley fue tan simple y clara: acción, reacción, repercusión”… La responsabilidad es la otra cara de la libertad.
  • Te vas a encontrar con un alto nivel de exigencia. Estás acostumbrado a preguntar qué entra en el examen… Entra lo que has visto en clase y también lo que no has visto. Leerte las diapositivas varias veces no es suficiente. Te recomendarán bibliografía para que profundices o para que trabajes algunos temas… Eso también forma parte de la asignatura. No te van a evaluar por tu memoria sino por tus conocimientos y tus competencias.
  • La universidad supone dedicación… Cada semestre está organizado para que lo pueda sacar un alumno o alumna con una dedicación completa (esa es la Filosofía de los ECTS). Eso no quiere decir que te tengas que concentrar sólo en estudiar.  Es todo cuestión de organizarse y planificar: clases, cursos, conferencias, deporte, extras…
  • Los primeros días son muy importantes (y esto te lo digo para cada nuevo semestre que enfrentes).  En ellos cada profesor o profesora te presentará el programa, la guía de la asignatura, fechas y procedimiento clave... Tienes que tener presente el binomio Profesor(a)/Materia que implica: métodos de enseñanza/aprendizaje, sistema de evaluación, indicaciones para la entrega de trabajos y prácticas… Cogerle el ‘truco’ a uno no quiere decir que lo tengas para todos, ni siquiera para una nueva asignatura con esa misma persona.
  • Acostúmbrate a resolver las dudas de primera mano. Quien mejor te puede decir las fechas, los contenidos, el objetivo, cómo hacer un trabajo… es el profesor o profesora correspondiente, por muy buenos que sean tus compañeros y compañeras… Eso sí, pregunta y consulta en su justa medida. Tampoco des la impresión de que eres muy inmaduro o inseguro. Eres capaz, por eso has llegado hasta aquí.
  • En todo tu proceso universitario contarás con el servicio de tutorías que te puede ayudar en aspectos tanto académicos como extra académicos.

Y para terminar… si te equivocaras, si por el camino vieras que ahí no está tu futuro, no tengas miedo en rectificar. Yo te apoyaré, aunque refunfuñe un poco… Lo más importante para mí es que seas una buena persona y estés a gusto con lo que haces…


miércoles, 21 de diciembre de 2016

Todo vivir humano ocurre en conversaciones…




He elegido como título de esta entrada parte de la frase de Humberto Maturana ya que encuadra muy bien  lo que voy a hacer… Voy a reflexionar sobre  algunas ideas extraídas de la ponencia  “La conversación en el conocimiento, la colaboración y la innovación” de Manel Muntada en la Jornada “El diálogo en las organizaciones”, celebrada el 02.12.2016 y organizada por Funts Project -un laboratorio de ideas creado “para promover un cambio profundo en la realidad organizacional”. [Las frases entrecomilladas están transcritas de la ponencia, que se puede visualizar al final de la entrada]

Como ya he escrito en otras ocasiones, el tema de la comunicación me apasiona. Cuando aún no había empezado los estudios universitarios mi padrino, que fue uno de mis mentores, me regaló dos libros que aún conservo y que me  iniciaron en este tema, La comunicación no verbal de Flora Davis y Cómo ganar amigos e influir sobre las personas, de Dale Carnegie. Durante varios años impartí la asignatura de Comunicación en las organizaciones y en la presentación de la misma solía decir al alumnado que la comunicación es el ‘aceite’ que hace funcionar las organizaciones porque es lo que permite crear y mantener relaciones. La comunicación es tan apasionante como compleja, tan frágil como necesaria…

“La conversación es una herramienta de sistematización, de formalización y de drenaje […] Poder hablar nos mantiene cuerdos; esto nos lleva a lo contrario… el aislamiento es una tortura justamente por esto”. Las personas aprendamos a hablar en la interacción con otras personas. Conversando aprendemos a hacer y aprendemos a ser. En cualquier relato de personas que han vivido una experiencia de privación de libertad o de aislamiento apreciamos cómo conversar es vital para el ser humano. En una ocasión escribí sobre una escena que me impactó del Secreto de sus ojos en la que el grito desesperado de uno de los personajes es “Por favor, por favor… pídale que aunque sea me hable… Por favor”.

“Sabemos lo que sabemos cuando lo decimos […] En una conversación de quien más aprendes es de ti mismo”. Quienes nos dedicamos a la educación sabemos que para demostrar que una idea se ha comprendido no hay como explicarla a otros. Además, ¿Quién no le ha contado algo a otra persona (o a uno mismo) para aclararse? ¿Quién no ha buscado una ‘oreja amiga’ sin otra intención que ser escuchado sin más para ‘situarse’?  Observando nuestras conversaciones podemos aprender mucho de cómo hablamos y cómo escuchamos, de cómo de nuestros mapas mentales y nuestras creencias…

“La conversación es una herramienta de creación de conocimiento propio. Para saber necesitamos un cerebro; para conocer se necesitan dos, aunque sea el mismo. Una cosa es lo que sabemos y otra es lo que conocemos. Eso también pasa con los estudios de opinión. Nosotros no opinamos continuamente. Opinamos cuando se nos formula una pregunta”. Hay preguntas muy poderosas como “¿qué opinas de…?”. En la respuesta e interacción con la otra persona es donde creamos nuestro propio conocimiento. Manel señala que aborda los proyectos con su forma de hacer, con su rutina, y que en los proyectos aprende no por la dificultad o la variación entre ellos sino por las conversaciones que mantiene con las personas con las que trabaja. Ahí es donde se da el cambio. “Una lección adquirida es la que recibimos continuamente pero sólo es aprendida cuando cambia comportamientos […] En la conversación yo filtro, depuro, enriquezco y creo lo que es mi propio pensamiento y ‘enzipo’. Si estás mucho tiempo sin hablar estás en un estado confusional”.

Como señala Manel Muntada las conversaciones tienen unas características propias diferentes de las de otros tipos de diálogos:

-Conversamos para relacionarnos. Lo importante no es el contenido sino decirnos muchas cosas para estar juntos.

-Las conversaciones no son útiles (no funcionan bajo el concepto de utilidad), no tienen objetivo. El humanismo es contemplativo, mientras que lo utilitario tiene que ver con mirar. Contemplar es acercar las cosas al ojo, entonces veo lo que hay. Sin embargo cuando miro acerco el ojo a las cosas y encuentro lo que busco. Los diálogos en las organizaciones están centrados en la tarea, en el mirar. Para innovar tenemos que desarrollar la mirada contemplativa.

Extracto de La utilidad de lo inútil. Manifiesto (Nuccio Ordine. Acantilado, Barcelona, 2013, p.9):

-Las buenas conversaciones no se terminan, se interrumpen.

-Las conversaciones generan bienestar, no todos los diálogos generan bienestar. Y lo generan porque hay respeto, porque no tenemos dudas de que somos escuchados.

-Tienen un carácter íntimo porque son genuinas. Se elaboran en el momento y para la persona a la que van dirigidas. Aportan una sensación de privacidad.

-Son una herramienta imprescindible de la colaboración y de la innovación. La innovación es el resultado de crear una cultura corporativa determinada, no el resultado de un proceso (aunque puede ayudar), una tecnología o la decisión de alguien. Cuando tomamos un café se da un clima en el que ‘todo te da igual’. Ahí se generan ideas espontáneas y divertidas. Por eso es importante generar espacios para conversar.

Las conversaciones crean nuestra realidad y nuestro conocimiento y eso me hace pensar en una de las conversaciones más importantes, la que mantengo con la persona que me mira en el espejo…

Estribillo de MAN IN THE MIRROR (Michael Jackson)
"I’m starting with the man in the mirror
I’m asking him to change his ways
And no message could have been any clearer
If you wanna make the world a better place
Take a look at yourself, and then make a change"
Estoy empezando con el hombre del espejo
Le estoy pidiendo que cambie su modo de proceder
Y el mensaje no ha podido ser más claro
Si quieres hacer del mundo un lugar mejor
Mírate y cambia  (la traducción es mía)


lunes, 28 de noviembre de 2016

El arte de las conversaciones difíciles


[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb el 28.11.2016]

Acabo de leer un libro muy interesante sobre uno de los temas que más me apasionan, la comunicación. Estuve en la presentación del mismo que organizó Deusto Business School Alumni, el pasado día 15. El título ya engancha, “¿Cómo se lo digo? El arte de las conversaciones difíciles. El impulso de cambios efectivos a través del diálogo”(Barcelona, Libros de cabecera, 2016). Y si escuchas al autor, Enrique Sacanell, aún te enganchas más…
Me gustó mucho la introducción que hizo Fernando Fantova el día de la presentación. Él, que es amigo y conoce al autor desde hace muchos años, nos dijo que al leer el libro había encontrado cinco Enriques:
1. El cómplice, que busca complicidad. Nos contó cómo se había podido votar el título definitivo del libro en las redes.
2. El cuidadoso. Es un libro ‘coqueto’, un producto cuidado.
3. El estudioso, el experto. Se nota que sabe de lo que habla; se hace cargo del estado de la cuestión sobre el tema.
4. El acompañante, el consultor. Una cosa es saber, conocer y otra saber acompañar en un tema.
5. El convencido, para él el más valioso. El libro revela su fe en el ser humano y en la conversación. Muestra una convicción profunda en el poder transformador del diálogo. En su opinión el libro deja poso por la actitud y la apuesta por construir del autor.
Enrique comentó que empezó a escribir el libro mucho antes de saber que lo iba a escribir. En muchos de los procesos de acompañamiento que hacía notaba que faltaba una conversación (o varias) o que sobraba una mal hecha (o varias). Muchas de las dificultades que las personas se encontraban en el trabajo tenían que ver con cómo se comunicaban. No existe una conversación difícil per se. Conversaciones difíciles son aquellas que a cada uno nos cuestan por las consecuencias que anticipamos de las mismas (puede tener que ver con expresar quejas, peticiones, reclamar algo, decir que no… hablar con un superior o con alguien con posicionamientos muy diferentes a los nuestros…). Veamos un ejemplo en clave cómica en este anuncio. El problema es que vamos postergando estas conversaciones. Puede que nos autoengañemos… “tenerla la tendría, pero las circunstancias…”. “El saber que no hemos sido capaces o no hemos tenido el valor de afrontar esa conversación nos mina. Además, el silencio, el vacío que deja esa conversación no mantenida, ‘no tarda en llenarse de veneno, de necedad y de representaciones erróneas’ (C. Northcote Parkinson, historiador británico)” (p.33). Puede pasar también que una conversación que no parecía difícil se transforme en tal. Hay señales en el interlocutor que nos lo pueden indicar: silencio, reacciones desproporcionadas, síntomas de inseguridad o intranquilidad… Si percibo que no va a acabar bien o que me está alterando mucho (o a mi interlocutor) es más acertado parar y posponer la conversación.
Me gustó mucho la reflexión de Enrique sobre si nos comunicamos más o menos que antes, dados los avances de la tecnología, las redes sociales… Antes vivíamos en una sociedad de buceo, ahora es más de surfeo. Se tocan más olas pero se profundiza menos. Conversar es mucho más que hablar, que comunicarse. Muchas veces no vamos más allá de monólogos entrelazados.
Las conversaciones difíciles son una herramienta para hacer cambios profundos, tanto en el ámbito personal como en el profesional. “Cuando hay un problema en una organización, en un equipo o en una relación, generalmente lo que falta es una conversación” (p.49). A veces hay que mantener varias conversaciones para que el cambio sea efectivo porque una sola no es suficiente. “Cada conversación es un universo irrepetible e impredecible. Navegar por cada una de ellas es un arte” (p.93).
Para que no haya desencuentros es importante que tanto el emisor como el receptor sintonicen las mismas claves. El autor nos recuerda la teoría del cuadrado de la comunicación (o modelo de las 4 orejas) de Friedemann Schulz von Thun que dice que lo expresado tiene cuatro caras: 1) el contenido objetivo, lo literal (es fundamental  cultivar la claridad expositiva); 2) la autoexposición, aquello que dice de sí mismo, aunque no lo pretenda, el emisor (es clave la autenticidad); 3) la relación, lo dicho habla del tipo de relación, del lugar desde el que se habla (el éxito de una conversación pasa por un profundo respeto del otro y de su punto de vista aunque no lo compartamos) ; 4) la incitación a la acción, nuestras palabras indican de forma más o menos explícita lo que quisiéramos que ocurriera (una vez más es importante la claridad expositiva, el otro no tiene por qué suponer o leer entre líneas). Cada uno de nosotros desarrolla mayor sensibilidad hacia uno de los lados. Es importante que cada uno sepa cuál es el suyo y el de la persona con la que se comunica.
En una conversación se dan varias conversaciones: sobre las emociones, sobre lo que pasa, sobre la identidad y la relación y sobre la acción. Además, un elemento importante en cualquier conversación, y más en una difícil, es manejar nuestra conversación interna y distanciarnos de ella. En ésta tiene mucha influencia lo que Chris Argyris denomina la escalera de inferencias.

Enrique propone en el libro el modelo CEMA que son una serie de pautas para contribuir a que una conversación difícil se desarrolle lo mejor posible. Hay cuatro fases, además de un pre y un post, y una actitud que debe estar presente en todo el proceso, la escucha. En este caso el orden de las fases es importante, aunque a lo largo del proceso puede ser necesario volver a fases anteriores o aplazar la conversación. Veamos brevemente cada una de ellas (la segunda parte del libro las explica con detalle):


1. “Prepárate”. A mayor preparación más posibilidades de éxito aunque tengamos que improvisar. Esto incluye: tener claros nuestros objetivos; conocer nuestra emocionalidad; cuestionar nuestra conversación interna (qué me estoy contando a mí misma); pensar en cómo es, piensa y siente la otra persona. “La carga emocional que conlleva una conversación difícil nos lleva con rapidez a olvidar las buenas intenciones para adentrarnos en una dinámica de vencedores y vencidos, una dinámica bélica” (p. 111).
2. “Construye el contexto adecuado”. El inicio es muy importante. Tenemos que ser capaces de dar seguridad a la otra persona y aclararle el contenido y objetivo de la conversación. También es importante el lugar y contar con el tiempo necesario.
3. “Explora el punto de vista de la otra persona”. Antes de lanzar nuestra opinión y propuestas es fundamental dar cabida a que el otro exprese cómo ve el tema. Hacerlo muestra consideración y respeto hacia el otro. Como dijo el autor, implica atribuir la “presunción de inteligencia”.
4. “Muestra la forma en que tú lo ves”. Debemos ser claros y concretos respecto a los hechos que nos incomodan o disgustan y debemos mostrar cuán importante para nosotros es la necesidad de cambio.
5. “Busca un acuerdo, un compromiso de acción y cierra bien”. Una conversación tiene éxito cuando se consigue un acuerdo y un compromiso de hacer o dejar de hacer (que puede afectar a una parte o las dos).
6. “Y, en todo momento, escucha activamente”. Supone estar atento a lo que el otro dice y lo que no; escuchar con los oídos y con los ojos; percibir sus emociones. Exige controlar nuestra conversación interna y estar atentos también a nuestras reacciones. “Saber escuchar es saber aprender, de la misma manera que saber aprender implica saber escuchar. Aprender no es otra cosa que abrirse a ser transformado, a cambiar, a ser diferente, con la expectativa de ser mejor, de tener más capacidad de acción” (Rafael Echeverría).
7. “Seguimiento”. Conviene concertar nuevas conversaciones para hacer una revisión de lo acordado.
Me gustaría acabar esta entrada con una frase del autor… “conversar es un arte y no hay arte que quepa en una receta” (p.209). Afrontemos nuestras conversaciones difíciles y salgamos reforzados de las mismas…



viernes, 25 de noviembre de 2016

En el Día Internacional de Eliminación de la Violencia contra la Mujer…



El Día Internacional de Eliminación de la Violencia contra la Mujer fue establecido en 1999 por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Transcribo las razones que da la ONU para la celebración de este día:
    
  • “La violencia contra la mujer es una violación de los derechos humanos”.
  • “La violencia contra la mujer es consecuencia de la discriminación que sufre, tanto en leyes como en la práctica, y la persistencia de desigualdades por razón de género”.
  • “La violencia contra la mujer afecta e impide el avance en muchas áreas, incluidas la erradicación de la pobreza, la lucha contra el VIH/SIDA y la paz y la seguridad”. [Animo a ver el siguiente vídeo].
  • “La violencia contra las mujeres y las niñas se puede evitar. La prevención es posible y esencial”.
  • “La violencia contra la mujer sigue siendo una pandemia global. Hasta un 70% de las mujeres sufren violencia en su vida”. [Para quienes les gusten las cifras véanse los Hechos y cifras que aporta ONU Mujeres].


De los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible el Objetivo 5 marcado por la ONU es: “Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas”. En la explicación del objetivo se dice: “La igualdad entre los géneros no es solo un derecho humano fundamental, sino la base necesaria para conseguir un mundo pacífico, próspero y sostenible”. La brecha de género es una realidad. En su informe de 2016 el Foro Económico Mundial señala que faltan todavía 170 años para que se cierre la brecha (se tienen en cuenta cuatro áreas: salud, educación, economía y política). El pronóstico ha empeorado desde que comenzó la crisis y difiere según regiones. Se han dado avances, sobre todo en el ámbito de la educación y de la salud. Hay evidencias de que a menor brecha mejores indicadores de crecimiento económico. [Véase este interesante artículo que lleva por título “Sin mujeres no hay desarrollo”].

Me ha gustado la Declaración de Phumzile Mlambo-Ngcuka, Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, en torno al día de hoy:  “Creemos en un mundo en el que las mujeres y niñas puedan realizarse y prosperar en paz del mismo modo que los hombres y niños, compartiendo y beneficiándose de sociedades que valoran sus habilidades y aceptan su liderazgo. Y eso es lo que intentamos conseguir con nuestro trabajo. La violencia contra mujeres y niñas tiene consecuencias devastadoras para las personas y la sociedad” [véase aquí la Declaración completa]. Lo veo claro, es necesario empoderar a mujeres y niñas y erradicar la violencia contra ellas. No sólo es una cuestión de justicia sino, probablemente, de supervivencia y de avance de la Humanidad. Hay un proverbio chino que me parece muy sugerente… “las mujeres sostienen la mitad del cielo”.

Hay voces que se alzan en contra del discurso del género. Recientemente he leído un artículo cuyo título ya da qué pensar “La ideología de género es ‘una reingeniería social perversa, totalitaria y basadaen mentiras’” . El artículo es una entrevista a una autora que ha publicado un libro que supuestamente “desmonta intelectualmente la ideología de género”. Transcribo algunas de las preguntas del periodista que muestran claramente una carga ideológica: “¿Y por qué el mundo educativo acepta tan pasivamente el adoctrinamiento de género, la perspectiva de género, la verborrea de género...?”; “La naturaleza siempre ‘se venga’ de las violaciones de la ley natural. ¿Se empieza a ‘vengar’ también de la ideología de género?”; “¿Hay una relación entre feminismo e incremento de las rupturas matrimoniales?”; “¿Niega usted entonces un factor esencialmente "machista" en ese tipo de violencia?”… Transcribo la respuesta  que da la autora a esta última pregunta: “La violencia sobre la mujer solo por ser mujer y sentirse el hombre superior es excepcional en los países igualitarios, pero se aplica como única causa. Y esto hace incrementar la ratio de tales hechos violentos…y criminaliza al varón, culpable por genes de tal violencia”. Posiciones como ésta parecen ignorar tanto la construcción histórica y social que supone el patriarcado como la existencia de distintas corrientes en el feminismo. Además, no creo que ayuden a erradicar un problema social que es muy serio y con unas raíces muy profundas. “Ni una menos”, “No es no”, “Si te pega no es amor”… son mucho más que movimientos o lemas. Son ‘gritos’ unánimes que deben calar en nuestras sociedades para que estas sean  más justas y más humanas.


Para terminar dejo un interesante instrumento elaborado por la Unidad Politécnica de Gestión con Perspectiva de Género, el Violentómetro


viernes, 4 de noviembre de 2016

Corre. Vuela. No te detengas.


[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb el 04.11.2016]

El título de esta entrada es el lema del anuncio “El Efecto Pigmalión” de Divina Pastora Seguros ganador de un Bronce en publicidad, en el apartado spots, en la edición de 2016 de los Premios Laus (se puede ver al final). Soy una firme convencida de la fuerza del efecto Pigmalión. De hecho, tengo un lema que trato hacer realidad en mí y en otras personas: “Querer es poder… Creer es crear”. Se suele hablar de este efecto también como las profecías que se autocumplen. “Las profecías tienden a realizarse cuando hay un fuerte deseo que las impulsa. Del mismo modo que el miedo tiende a provocar que se produzca lo que se teme, la confianza en uno mismo, aunque sea contagiada por un tercero, puede darnos alas” (Alex Rovira). Me gusta mucho cómo acaba el artículo “Algunas curiosidades sobre el anuncio”: “Ya sabes, haz tuyo el efecto Pigmalión y cambia lo ‘imposible’ por ‘lo posible’ y el ‘Nunca lo intentes’ por ‘No te detengas’”.

Recientemente mi hijo mayor, Xabier, ha cumplido 18 años y estoy dándole muchas vueltas al efecto Pigmalión. Es un gran lema ahora que legalmente ha alcanzado la vida adulta el “corre, vuela, no te detengas”… mi gran duda es si ese es el mensaje que le he trasmitido a lo largo de todos los años anteriores… Sí que soy consciente de que cada vez que me decía cosas como “¿soy un payaso ama?”, le respondía: “No cariño, no eres un payaso… A veces haces tonterías y las haces muy bien…”. En uno de los roles más importantes de nuestra vida, el de padres y madres, en ocasiones no caemos en la cuenta del poder que tienen nuestras palabras sobre esas personitas que aprenden de nosotros como esponjas y que harían cualquier cosa por no decepcionarnos (independientemente de que lo que esperemos sea positivo o negativo).

El otro día presencié una escena en la entrada del supermercado que me removió profundamente. Estuve a punto de intervenir pero dudé de si sería una buena idea y no lo hice. Pensé que igual empeoraría la situación. En las taquillas que hay en la entrada para guardar las bolsas estaban una madre y un hijo de unos 14 años. El niño tropezó con la madre y ésta se hizo daño. De repente, con la cara invadida por la ira, la madre le empezó a gritar: “qué torpe eres; mira que eres inútil, cómo se puede ser tan idiota…”. No soy quién para juzgar a esa madre pero sí puedo afirmar que esa comunicación no fue adecuada, que ese no es un buen mensaje para un hijo (y menos en público). La cara del niño lo decía todo… una mezcla de vergüenza, resignación y, sobre todo, dolor… Qué fácil es herir a alguien, minarle su autoestima y qué difícil reparar ese daño. Me recordó una historia que solemos contar en nuestros cursos, El papel arrugado:

“Contaba un predicador que, cuando era niño, su carácter impulsivo lo hacía estallar en cólera a la menor provocación. Luego de que sucedía, casi siempre se sentía avergonzado y batallaba por pedir excusas a quien había ofendido.

Un día su maestro, que lo vio dando justificaciones después de una explosión de ira a uno de sus compañeros de clase, lo llevó al salón, le entregó una hoja de papel lisa y le dijo:
     ¡Arrúgalo! —El muchacho, no sin cierta sorpresa, obedeció e hizo con el papel una bolita.
     Ahora —volvió a decirle el maestro— déjalo como estaba antes.

Por supuesto que no pudo dejarlo como estaba. Por más que trataba, el papel siempre permanecía lleno de pliegues y de arrugas. Entonces el maestro remató diciendo:
     El corazón de las personas es como ese papel. La huella que dejas con tu ofensa será tan difícil de borrar como esas arrugas y esos pliegues”.

Una vez abierta la herida de poco sirve decir “lo siento”, “no sabía lo que decía”, “me he descontrolado”, “me he dejado llevar”, etc. Esa herida deja cicatriz y esa cicatriz es más profunda cuando la herida nos viene de alguien muy querido o relevante para nosotros. Y no debemos olvidar tampoco que muchas veces las heridas nos las causamos nosotros mismos. A veces somos quienes nos decimos las cosas más terribles, quienes nos ponemos los mayores obstáculos… Nos debería saltar una alarma cada vez que nos decimos cosas como: “qué tonta soy”, “qué inútil”, “no puedo ser más torpe”, “¿cómo puedo ser tan despistada?”, etc.

En este contexto es relevante también hablar de los mentores. Mentor es un personaje de la mitología griega, el consejero de Telémaco en la Odisea. Si acudimos al diccionario de la RAE las dos primeras acepciones son: 1) m. y f. Consejero o guía; 2) m. y f. Maestro, padrino. La mayoría de las personas que ejercen liderazgo o que han alcanzado posiciones de poder suelen relatar que en su vida han tenido uno o varios mentores; han encontrado personas que les han ayudado, sabiéndolo o no, a dar lo mejor de sí mismas. Cualquiera de nosotros puede ser un mentor para otra persona y hacer una diferencia en su vida; para ello es necesario ver no lo que la otra persona es sino lo que puede llegar a ser. Todos podemos contribuir a mejorar la autoestima de otra persona. Lo importante, como señala este interesante vídeo, es dar el mayor número de fichas de póquer posible y quitar sólo aquellas que sea necesario…

En una entrevista César Bona, uno de los 50 finalistas para el Global Teacher Prize de 2015 (considerado el Nobel del profesorado), señalaba: “Los niños no son solo los adultos del mañana: son habitantes del presente. Subestimamos constantemente a los niños y su creatividad, pero todos tienen un talento; solo hay que saber abrir la puerta para que lo saquen. Y ahí es donde intervenimos los maestros, viendo lo que los demás son incapaces de ver”. Esta afirmación es válida no sólo para los niños. Todas las personas tenemos uno o varios talentos. Y es misión de todo educador ayudar a aflorar dichos talentos, no sólo de los educadores de edades más tempranas, y no sólo en el ámbito escolar sino en todos los de nuestra vida.

Ojalá seamos capaces de animar e impulsar a avanzar a las personas con las que nos relacionamos. Ojalá de nuestros labios salga el “corre, vuela, no te detengas” que haga al otro dar lo mejor de sí mismo.