martes, 2 de mayo de 2017

El proyecto de vida y el sentido


[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb el 02.05.2017]

Los días 27 y 28 de abril he asistido al último módulo del Plan de Formación en Misión e Identidad Ignacianas que la Compañía de Jesús ofrece a personal de sus distintas obras y que comencé hace tres años. Este último módulo ha estado dedicado al proyecto personal de vida, que en los aspectos psicológicos ha estado presentado por Manuel Marroquín sj. Voy a señalar y adaptar aquí las principales ideas que me llevé.
Una aspiración muy generalizada es la de ser feliz. Para ello es importante tener claro cuál es tu proyecto de vida, lo que supone una reflexión profunda sobre ti mismo y sobre tu vida. Podríamos definirlo como “el ejercicio de determinar lo que se quiere hacer en la vida fijando unos objetivos y estableciendo los medios adecuados para su consecución” (Marroquin, s/f). Un proyecto de vida no es una mera declaración de intenciones o deseos. Supone reflexión y discernimiento sobre objetivos y el compromiso de trabajar para conseguirlos. Es la base de la autorrealización ya que dota de un sentido a la vida, marca la finalidad, el para qué estoy aquí, cuál es mi misión. Viktor Frankl decía: “Y yo me atrevería a decir que no hay nada en el mundo capaz de ayudarnos a sobrevivir, aun en las peores condiciones, como el hecho de saber que la vida tiene un sentido. Hay mucha sabiduría en Nietzsche cuando dice: ‘Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier como’” (p.59).
Un proyecto de vida es un movimiento de interiorización profunda. Lo importante es que tenga coherencia interna, que los valores que están imbuidos en él sean consistentes. Además es un movimiento situacional, parte del aquí y ahora de mi vida. Y se centra en la elección y el compromiso con la acción. “El Proyecto, por tanto, supone un movimiento de interiorización en el que el ser humano, sin huidas de la realidad, trata de asumirse a sí mismo, profundizar en la reflexión y adquirir una capacidad de contemplación, que incluye el compromiso de la acción” (Marroquin, s/f).
El ser humano se constituye, construye su identidad, a través de las elecciones que hace. La libertad no es absoluta, está condicionada por múltiples factores, pero no estamos determinados. Tenemos márgenes de libertad. Al menos podemos decidir cómo afrontamos las situaciones de la vida.  “Las elecciones marcan la forma y personalidad de cada sujeto. La vida humana puede considerarse como un permanente proceso electoral que nos exige optar en cada momento entre multitud de posibilidades” (Jiménez Ruiz, s/f).
Elegir tiene unos ‘riesgos’ que debemos conocer y asumir:
  • Las elecciones que hacemos tienen consecuencias de las que debemos responder.
  • Cuando optamos renunciamos a otras posibilidades.
  • Elegir supone una ruptura con la necesidad de seguridad porque acaba con el statu quo (el refrán castellano dice “Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”).
  • Hay un riesgo de que otros elijan por nosotros, el “yo colonizado” del que habla Gergen. Introyectamos los modelos y mensaje que nos transmiten los medios de comunicación, las redes sociales, la sociedad, el grupo, etc. El antídoto antes este mimetismo es una reflexión profunda sobre uno mismo. Es importante conocer y admitir los influjos que uno tiene pero sin dejar que le condicionen.
A la hora de elaborar o reelaborar el proyecto de vida es importante conocer si se tiene locus de control interno (hay percepción de control sobre los eventos que nos suceden) o externo (no hay percepción de control). El locus se manifiesta en los guiones de vida, que son  “como el argumento preestablecido de una obra dramática que la persona se siente obligada a representar, independientemente de si se identifica o no con su personaje” (Alex Rovira). Estos guiones:
  • Tienen un carácter principalmente emocional que influye en las relaciones.
  • Están definidos para los diez años.
  • Provienen predominantemente, que no exclusivamente, de la relación materna.
  • Influyen en la percepción de uno mismo y de los demás.
  • Promueven las posiciones existenciales que condicionan el comportamiento.
Para elegir nuestra propia vida es necesario analizar sin miedo ni tapujos nuestros guiones y hacer una redefinición de los mismos. Se trata de pasar “de la vida prefabricada al bricolaje personal”. Es posible aunque no es fácil. Para conocer nuestros guiones Manuel Marroquín nos dio un cuestionario muy sugerente:
Cuestionario de programación personal (Life-Script). Manuel Marroquín
  1. ¿Cómo te ves a ti mismo ahora?
  2. ¿Desearías cambiar algo de ti mismo? ¿Qué?
  3. ¿Qué te ha impedido realizar dicho cambio?
  4. ¿Eres realmente tú mismo, “tu propia persona”, o vives en perpetua acomodación a las expectativas de los demás, o de los medios de comunicación?
  5. ¿En qué sentido eres parecido a tu madre?
  6. ¿En qué sentido eres diferente?
  7. ¿Cuál ha sido su principal consejo?
  8. ¿Qué conductas tuyas le harían feliz?
  9. ¿Qué conductas tuyas le desagradarían?
  10. ¿En qué sentido eres parecido a tu padre?
  11. ¿En qué sentido eres diferente?
  12. ¿Cuál ha sido su principal consejo?
  13. ¿Qué conductas tuyas le harían feliz?
  14. ¿Qué conductas tuyas le desagradarían?
  15. ¿Qué te agrada más de ti mismo?
  16. ¿Qué te agrada menos de ti mismo?
  17. ¿Cómo te gustaría verte dentro de cinco años?
  18. ¿Qué haces ahora para convertir ese ideal en realidad?
  19. ¿Qué deseas más en la vida?
  20. ¿Cuándo “te sientes bien” acerca de ti mismo?
  21. ¿Cuándo no “te sientes bien” acerca de ti mismo?

Elegir la propia vida no es sencillo pero merece la pena ya que nos conecta con el sentido, desde el cual se pueden afrontar las distintas situaciones que nos enfrentemos.

Bibliografía


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